Cuando faltan palabras.
Cuando me falto Yo.
Salgo a robar melodías,
para que se apropien de mi realidad.
Para que justifiquen al menos
ésta agonía de primavera.
La ciudad descansa,
insípidamente en silencio,
a simples ojos parece la misma.
Pero mis marcas saben a sangre
y mi mirada a sal.
La ciudad descansa -lo sé-,
de las maletas y el humo.
Lentamente se achica en su letargo
la única verdad que no supe ver,
para devorarme de un bocado
y continuar con su gris silencio.
Mis ojos son las letras que no apropio.
Mis labios son los labios que ya no tengo.
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